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·· Planteamiento
Dietético
La necesidad de que la vida controle la
enfermedad y no que la enfermedad controle la
vida ha sido ampliamente reclamada, como en
las personas que padecen una dolencia tratable
pero no curable, como es la Diabetes Mellitus.
El papel que en este sentido puede jugar la
intervención de los usuarios para compaginar
con habilidad una alimentación gratificante
con uso eficaz de las herramientas
terapéuticas es objeto de atención frecuente
en publicaciones científicas de relevancia, y
como “para muestra, bien vale un botón” citamos
al British Medical Journal con editoriales (Fox
y Kilvert) o con temas a debate como la pregunta
de Wolpert y Anderson: “Gestión de la
diabetes:¿están los médicos enmarcando los
beneficios desde una perspectiva equivocada?”, o
bien la conclusión de Jay Skyler que en un
trabajo de recapitulación sobre el DCCT
concluye: “ Es crítico que comencemos a usar las
opciones más efectivas para mantener los niveles
de glucemia en el rango normal”.
Al considerar el uso de un sistema de infusión
subcutánea continua de insulina disponemos de un
nuevo abordaje del tratamiento de las personas
con Diabetes Mellitus tipo 1, con una terapia
más cercana al comportamiento fisiológico, con
una insulinización basal que imita la producción
continua de insulina interprandial de los
individuos sanos y unos bolos [1] de insulina para
metabolizar los hidratos de carbono aportados
por la ingesta alimentaria. Indudablemente a la
hora de haber decidido el uso de esta
alternativa terapéutica se pretende optimizar el
control metabólico, sin que se produzcan
hipoglucemias y también mejorar la calidad de
vida del usuario.
Pero no solamente debemos centrarnos en el
manejo de la insulina para potenciar un control
óptimo de la diabetes, dado que un uso eficaz de
la dieta puede tener un peso específico de
consideración para lograr los objetivos que la
terapia con bomba de insulina pretende. Así
sabemos que un estudio británico randomizado y
controlado conocido como DAFNE (Dose Adjustment
For Normal Eating; en español: “ Ajuste de dosis
para una alimentación normal”) puso de
manifiesto que con una adecuada formación de los
usuarios, promoviendo la libertad dietética se
puede lograr de manera significativa una mejoría
en el control de la diabetes por lograr mejores
cifras de hemoglobina glicada, sin hacerlo a
expensas de hipoglucemias, y con una mejora de
la calidad de vida de los usuarios.
En el contexto anterior parece razonable que el
educador en diabetes intente utilizar los
recursos dietéticos de manera complementaria a los
farmacológicos para alcanzar un control óptimo
de la diabetes y buscar una mejora en la calidad
de vida percibida por el usuario al permitirle
una mayor flexibilidad en la elección de la
dieta y en su ejecución práctica. Nos parece que
hablar de mayor flexibilidad nos permite definir
mejor que, lo que en realidad pretendemos es que
la alimentación de una persona diabética no
difiera en nada de la que se propone para una
persona no diabética como alimentación
saludable; ya que utilizar “libertad dietética”
como propone el estudio DAFNE, puede quizás
conllevar el riesgo de alguna falsa
interpretación.
En este contexto la dieta de una persona
diabética con bomba de insulina, como de
cualquier otra persona diabética, estará
ajustada en su contenido energético a las
necesidades concretas en función de su sexo,
edad, peso y talla, como fijaríamos para
cualquier otra persona sana. En los niños y
adolescentes se propondrá un aporte energético y
de nutrientes que permita mantener el desarrollo
y crecimiento adecuado. En diabéticas
embarazadas y lactantes se buscará el desarrollo
óptimo del feto y del lactante, cuidando el
aporte de micronutrientes y en especial el ácido
fólico, el calcio y el hierro.
Con respecto al aporte de macronutrientes y en
concreto a las grasas no olvidemos que ya en el
año 1928 el Dr. Joslin decía: “la diabetes
comienza por un exceso de grasa y por un exceso
de grasa mueren los diabéticos”, por lo que la
dieta del diabético deberá tener como objetivo
alcanzar concentraciones óptimas de lípidos
séricos y mantener o alcanzar valores normales
de tensión arterial, como en realidad deberíamos
plantear para cualquier otra persona.
Las recomendaciones vigentes de la ADA (American
Diabetes Association) aceptadas de manera
bastante generalizada por los expertos españoles
son las que a continuación indicamos. La
Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición
(SEEN) en un trabajo coordinado por Clotilde
Vázquez, Bárbara Cánovas y Miguel Ángel
Jaunsolo, actualizó en el 2003 sus “algoritmos
de manejo de la dieta para usuarios diabéticos
en las distintas etapas de la vida” y sus
criterios también reflejan los mismos valores
con algún pequeño matiz que comentaremos. Estas
recomendaciones de manera general serán las que
aún dentro de la “libertad dietética” que
proponemos habrá siempre que aconsejar a los
usuarios en terapia avanzada de insulina.
.
|
MACRONUTRIENTE |
% CALORÍAS / DÍA |
|
Proteínas |
10 % - 20 % |
Grasas Saturadas
(+ ácidos grasos trans) |
menos del 10 %
(< 7%, si LDLc >100mg/dL) |
|
Grasas
Poliinsaturadas |
menos del 10 % |
|
Colesterol
dietético |
menos de 300
mg/día
(<200 mg/día, si LDLc>100mg/dL) |
Grasas
Monoinsaturadas
+ Hidratos de Carbono |
60 – 70 %
|
En los diabéticos
con alteraciones de la función renal se
debe recomendar una limitación en la
ingesta proteica a menos de 1g al día
por Kg. de peso corporal, mientras que
si ya hay evidencia de nefropatía
manifiesta la reducción debe alcanzar
hasta < 0,8 g al día por Kg. de peso
corporal o incluso 0,6 g como recoge el
algoritmo de la SEEN, pues estas
recomendaciones han mostrado una
respuesta positiva en la mejora de la
filtración glomerular; en usuarios con
microalbuminuria superior a 20 μg/ml.
Cuando existe reducción proteica se
deberá prestar atención cualitativa a
las fuentes de proteínas y asegurar una
aportación correcta de todos los
aminoácidos esenciales, pero no existe
razón alguna para que el manejo de los
hidratos de carbono se plantee diferente
en el caso de estas personas diabéticas,
comparado con aquellas que no tienen
alteración de sus cifras de
microalbuminuria.
Con respecto a la ingesta de alcohol por
las personas con bomba de insulina, al
igual que para cualquier diabético, las
recomendaciones no se apartarán de las
que se hacen a la población en general,
aunque se tendrá presente que puede
tener tanto efecto hipoglucemiante como
hiperglucemiante, dependiendo de la
cantidad y momento de la toma. La
moderación será siempre la norma (máximo
dos medios vasos en varones y un medio
vaso en
mujeres no embarazadas) y el alcohol se
considerará siempre un añadido al plan
alimentario y en este no se obviara
ningún alimento. Los
carbohidratos aportados si se toma
cerveza se tendrán en cuenta en el
cómputo total.
Con este esquema general del
planteamiento dietético, deberemos
centrarnos de forma especifica en el
manejo de los hidratos de carbono; tal y
como preconizan las recomendaciones de
la “American Diabetes Association
(ADA)”, aceptan prácticamente todos los
especialistas de nuestro medio, y se
asume en documentos de consenso de
nuestro entorno como el de la
“Associació catalana de diabetis (ADC)”.
Según la ADA “Estudios realizados en
sujetos con diabetes tipo 1 muestran una
sólida relación entre la dosis de
insulina preprandial y la respuesta
posprandial al contenido total de
carbohidratos de la comida. En
consecuencia, la dosis de insulina
preprandial se ajustará en función del
contenido de carbohidratos de la comida
en cuestión”.
¿Cómo manejamos los carbohidratos para
adaptarlos a la terapia de insulina? La
respuesta general es muy simple:
cuantificándolos.
No debemos perder de vista que las
personas con bomba de insulina no
precisan estar sujetas a un número
determinado de comidas, por lo que cada
persona será libre de adaptarse a sus
hábitos y circunstancias personales, y
tampoco es absolutamente necesario
prefijar una distribución concreta de
los carbohidratos en las diferentes
comidas. Lo importante es tener
cuantificados los carbohidratos para
ajustar las dosis de insulina
preprandial dentro de la flexibilidad
dietética anteriormente apuntada.
[1]
Es frecuente
encontrar en la literatura la palabra
“bolus”, que no figura en el diccionario
de la lengua española [Real academia de
la lengua. Diccionario de la lengua
española. 22ª edición (2001)]. Sin
embargo si encontramos “bolo”, defindo
como: “12. m. Med. Dosis de medicamento
o medio de contraste radiográfico que se
inyecta rápidamente mediante una sola
embolada en el aparato circulatorio”.
Usaremos por tanto esta acepción, en
singular o plural según proceda.
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RELACIÓN DE DOCUMENTOS
DISPONIBLES
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la zona de infusión
·· Verificando la
infusión basal
·· Planteamiento dietético
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Recuento de
Hidratos de Carbono
·· Cálculo general para el
bolo de insulina
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índices
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