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·· ¿Qué tipo de bolo y
cuando?
Son dos cuestiones no simples de responder y tal
vez convenga una mínima reflexión para que el
educador pueda proponer lo más conveniente, de
manera que cada usuario saque el máximo
beneficio posible de las ventajas que la bomba
de insulina puede proporcionar para
alcanzar una glucemia posprandial poco elevada.
No podemos pretender aportar soluciones de
utilidad general, sino repasar los factores que
pueden condicionar el tiempo y forma del bolo de
insulina, proponiendo algunas ideas para
encontrar alternativas prácticas para cada
usuario. Nos referimos siempre a
usuarios diabéticos sin alteración neuropática
del vaciado gástrico, dado que para usuarios
con gastroparexia siempre utilizaremos bolos
expandidos.
Sabemos que el momento más idóneo para infundir
el bolo de insulina para una comida y el tiempo
de duración del este bolo vendrá determinado por
la disponibilidad de los hidratos de carbono de
la propia comida. Como ya conocemos esta
disponibilidad va a estar condicionada por
diversos factores que recordaremos de manera
somera.
Para entrar en materia repasamos las
recomendaciones de la ADA (“Principios y
recomendaciones nutricionales en diabetes”) en
referencia a los hidratos de carbono, donde
podemos leer: “Hay una serie de factores que
influyen en la respuesta glucémica a la comida,
como son la cantidad de carbohidratos, el tipo
de azúcar (glucosa, fructosa, sacarosa,
lactosa), la naturaleza del almidón (amilosa,
amilopectina, almidón resistente), la
cocción y procesado de los alimentos (grado de
gelatinización del almidón, tamaño de las
partículas, forma celular), la estructura de los
alimentos, así como otras sustancias componentes
de estos (grasas y sustancias naturales que
enlentecen la digestión, como lecitinas,
fitatos, taninos, y combinaciones
almidón-proteínas y almidón-lípidos). Las
concentraciones de glucosa preprandial y en
ayunas, la gravedad de la intolerancia a la
glucosa, y el efecto retardado de los
carbohidratos o segunda comida son otros
factores que afectan a la respuesta
glucémica de los alimentos. Sin embargo, en
personas con diabetes tipo 1 ó tipo 2 la
ingestión de una variedad de almidones o
azúcares, tanto de forma aguda como durante un
periodo de hasta 6 semanas, no produjo
diferencias significativas en la respuesta
glucémica si la cantidad de carbohidratos era
similar. Estudios en ambientes controlados y en
personas que hacían su vida libremente
produjeron resultados similares. Por
consiguiente, la cantidad total de
carbohidratos ingeridos en las comidas y
tentempiés será más importante que el origen o
el tipo de los mismos” [1]
Aceptamos que aun siendo preferente para los
hidratos de carbono considerar los aspectos
meramente cuantitativos, debemos intentar
responder a nuestras cuestiones de base
considerando también los efectos de las
proteínas, las grasas y los diferentes
tipos de hidratos, y así lograr una
disponibilidad pareja entre insulina e hidratos
de carbono que nos facilite alcanzar el mejor
grado posible de control glucémico posprandial.
El
comportamiento de las proteínas
En la mayoría de las ocasiones y si la ingesta
proteica se mantiene en los límites recomendados
las proteínas no van a tener influencia alguna
para el cálculo de la dosis del bolo de la
comida.
Se estima que algo más de la
mitad de las proteínas acabarán transformándose
en glucosa al cabo de unas cuantas horas (entre
3 y 5 en la mayoría de veces). También sabemos
que las proteínas estimulan la producción de
glucagon, que a su vez activa la glucogenolisis.
De cualquier forma, el impacto sobre la glucemia
va a ser mínimo si las cantidades son
moderadas. Incluso a veces se recomienda una
ingesta de una pequeña cantidad de proteínas en
el alimento consumido poco antes de acostarse
tras la cena para evitar la hipoglucemia nocturna.
Sin embargo, cuando la ingesta de proteína es
excesiva, por ejemplo el típico “chuletón” de
carne, sí que se producirá una elevación de la
glucemia a tener en cuenta. Como la elevación de
la glucosa tendrá lugar al cabo de algunas
horas, si excepcionalmente una persona
diabética con bomba de insulina realiza una
ingesta grande de proteínas, el bolo preprandial
lo calculará de la manera habitual sin
considerar las proteínas, pero al cabo de 4
horas comprobará su glucemia capilar,
administrándose un
bolo corrector si fuese
necesario.
El
efecto de las grasas
Sabemos que al igual que con las proteínas
también parte de las grasas (10-30 %) puede
acabar en glucosa, pero este proceso tardará
horas. No es precisamente por la lipólisis por
lo que nos debemos preocupar con respecto al
impacto de la ingesta de grasas
en la glucemia posprandial.
Sin embargo, la ingesta de grasas sí que va a
tener un impacto considerable sobre la glucemia
posprandial por dos motivos:
• Las grasas de la comida demoran el vaciado
gástrico, por tanto retardan la digestión de los
carbohidratos, su absorción intestinal, y
consecuentemente la elevación de la glucemia
tras la toma de alimento.
• Las grasas también hacen que la respuesta a la
insulina sea menos sensible, y esta alteración
puede prolongarse hasta varias horas después de
la comida.
En terapia con inyecciones de insulina esta
efecto es también patente, pero puede pasar más
desapercibido que cuando se utiliza la bomba de
insulina.
Strachan y Frier compararon el efecto
de la inyección de insulina lispro antes y
después de diferentes tipos de comidas
concluyendo que para comidas con contenido
elevado en grasa sólida la administración
posprandial de la insulina lispro puede ser
beneficiosa. Por otra parte aunque con objetivos
distintos Thomas Danne y resto de miembros del
ANA 1200 Study Group concluyeron que el
bolo con insulina aspártica después de la comida
es efectivo y seguro.
Por lo comentado una comida con un exceso de
grasa, puede causar una hipoglucemia leve por un
mal ajuste de la insulina dado que suministramos
un bolo de insulina que va a tener su efecto
máximo cuando todavía no se han comenzado a
digerir el grueso de los hidratos de
carbono, y una ligera hiperglucemia posterior
pues cuando la digestión de los hidratos se
produzca nos faltará algo de insulina.
Nos permitimos ilustrarlo con un caso de
ejemplo:
Un usuario con un índice C/I de
17 acude de vez en cuando a un establecimiento
de “comida rápida”. Escoge uno de los “menús
especiales”, eso sí con un refresco “light”. El
menú tiene la siguiente composición, que figura
en la información nutricional que a demanda
entrega el establecimiento:
|
Componente |
HdC |
Grasas |
Proteínas |
Calorías |
|
Hamburguesa Gigante con queso (Incluye
pan, lechuga, tomate, pepino y salsas,
además del queso fundido) |
38 |
30 |
28 |
530 |
|
Patatas fritas |
57 |
22 |
6 |
450 |
|
Ensalada verde |
7 |
0 |
2 |
35 |
|
Salsa ranchera p/
ensalada |
10 |
21 |
1 |
230 |
|
Pastelillo de
chocolate |
22 |
10 |
2 |
170 |
|
Refresco “light”
supergrande |
0 |
0 |
0 |
0 |
|
Totales |
134 |
83 |
39 |
1415 |
|
Considerados |
124 |
- |
- |
- |
Nuestro usuario
ejemplo sólo considera el contenido de
hidratos de carbono, no repara en la
composición de la salsa de la ensalada,
y como su glucemia antes de comer está
en 86 mg/dl calcula su bolo de la
siguiente manera:
|
Bolo = 124/17= 7,29 U » 7,3 U |
El día era
excepcional y estaba convencido de hacer
las cosas bien, pero poco después de
comer estuvo un tanto sudoroso. Lo
atribuyó al calor del lugar y al propio
proceso digestivo de la comilona. No
volvió a analizar su glucemia hasta la
hora de cenar y se encontró que tenia
243 mg/dl. Pensó que había calculado mal
y dedujo que la próxima vez precisaría
más insulina.
Algunas semanas después
repite lugar y menú, y recordando la
hiperglucemia de la vez anterior decide
subir su bolo a 8,5 U sin más cálculo.
Terminada la comida sintió un vahído y
eso le impulso a medir su glucemia,
tenía 54 mg/dl. Tomó un refresco
azucarado y al rato volvió a analizar su
glucemia, se había normalizado. Sin
embargo, su glucemia antes de cenar fue
de 277 mg/dl.
El ejemplo nos
ilustra el efecto de las grasas, lo
difícil que resulta en algunos casos
reparar en su presencia y las
consecuencias que pudiera tener su
consideración errónea. Pero no
estigmaticemos por esta causa a la
“comida rápida”, el fenómeno pudiera
igualmente darse con una fabada
asturiana, o con un cocido, y con otros muchos platos de la
cocina tradicional.
Para evitar este tipo de situaciones es
preciso adaptar la disponibilidad de
insulina con la digestión efectiva de
los carbohidratos, por lo que puede ser
aconsejable emplear los bolos expandidos
o incluso mejor la combinación de bolo
normal con bolo expandido y bolo mixto
Wolpert en “Smart Puming”
sugiere para comidas ricas en grasas
dividir el bolo infundiendo la mitad al
comienzo de la comida y la otra mitad
distribuido en las dos horas siguientes;
si por las características de la bomba
no existe la posibilidad de expandir el
bolo, la segunda mitad se inyectaría a
las 2 horas de la comida.
Chase y colaboradores ensayaron cuatro
tipos de bolos diferentes con nueve
individuos en cuatro ocasiones usando
una comida rica en hidratos de carbono,
grasa y calorías como una “pizza
multiquesos”. El orden de uso de las
diferentes modalidades fue establecido
de manera aleatoria entre los distintos
sujetos. Usaron un bolo normal (10
minutos antes de empezar a comer), un
bolo expandido durante dos horas, un
reparto al 50% dando la segunda mitad a
los 90 minutos de iniciada la comida y
un bolo mixto con un 70% inicial y el
resto expandido en dos horas. Esta
última opción fue la que encontraron más
efectiva para esta comida.
Lee y colaboradores en un estudio con 10
sujetos encuentran que con un bolo
normal tras una Hamburguesa Gigante con
queso (Incluye pan, lechuga, tomate,
pepino y salsas, además del queso
fundido) comida rica en grasa la
glucemia posprandial está elevada,
mientras con una cantidad adicional de
insulina y un bolo mixto se alcanza un
perfil posprandial similar al obtenido
en una comida pobre en grasa y con un
bolo normal.
Jones y colaboradores hicieron un
estudio con 24 sujetos utilizando
también como comida base la pizza y
monitorizando de manera continua la
glucemia probaron tres tipos de bolo,
inmediato, mixto 50/50 con una duración
de 4 horas para la parte expandida y
mixto 50/50 pero prolongando la
expansión hasta 8 horas. Fue esta última
opción la que les proporciono resultados
más satisfactorios.
Con respecto a las
grasas debemos concluir que tienen su
importancia y por tanto las deberemos
tenerlas presentes a la hora de buscar
el tipo de bolo que mejor se adapta a
las circunstancias de cada usuario.
El índice glucémico
Desde 1981 cuando fue descrito por David
Jenkins al objeto de identificar los
alimentos más adecuados para las
personas diabéticas, conocemos el
llamado índice glucémico. Sabemos se
trata de una clasificación de los
alimentos basada en la respuesta
posprandial de la glucosa sanguínea
tomando como base un alimento de
referencia, bien sea glucosa o bien pan
blanco. La mayoría de los autores
utilizan la glucosa, pero algunos otros
(p.e, Bosch y Figuerola) refieren sus
índices al pan blanco. (De cualquier
manera como existe una relación Glucosa
/ Pan blanco de 100:70 se convierte una
la tabla en otra fácilmente; por
ejemplo, pan blanco a glucosa
multiplicando por 0,70)
El índice glucémico viene determinado
por diversos factores como:
• Tamaño de las partículas
• Grado de gelatinización, pues cuanto
más gelatinizado está un almidón más
fácilmente se digiere.
• Relación amilosa / amilopectina pues
las enzimas digestivas atacan mejor la
estructura encadenada de las últimas
frente a la estructura helicoidal de la
amilosa.
• Proceso de absorción intestinal del
alimento. Así la fructosa se absorbe más
lentamente que la glucosa, por lo que
alimentos con fructosa tendrán un menor
índice.
• Procesamiento térmico y mecánico del
alimento. Los alimentos más troceados y
cocidos se absorberán de manera más
rápida.
• Acidez de la comida, pues la presencia
de compuestos ácidos (p.e. aderezo de
vinagre o limón) contribuye a retardar
el vaciado gástrico.
• La presencia de azúcar común, ya que
de una parte contribuye a retener agua
que altera el proceso de gelatinización,
y de otra sólo aporta la mitad de sus
moléculas como glucosa al ser fructosa
la otra mitad.
Ya conocemos que la medición del índice
glucémico de los alimentos cambió la
antigua identificación de azúcares
simples con azúcares rápidos, y de
azúcares complejos con azúcares lentos.
Hoy sabemos que determinados azúcares
simples, se comportan como azúcares
lentos: a su ingestión le sigue un débil
aumento de la glucemia, es el caso de la
fructosa e incluso de la misma sacarosa,
y por el contrario azúcares complejos,
aumentan de forma significativa la
glucemia, indicando de esta forma la
relativamente elevada velocidad de su
paso del intestino a la circulación
sanguínea.
El índice glucémico es
ampliamente utilizado en Australia y
Nueva Zelanda, donde residen muchos de
sus más destacados valedores como Jennie
Brand-Miller o Stephen Colagiuri de la
Universidad de Sydney. Su uso está menos
extendido en Europa y es cuando menos
controvertido en los EE.UU., donde
suscita sus polémicas científicas con
Marion Franz a la cabeza. Ya hemos
recogido con anterioridad las
recomendaciones del la ADA donde no lo
descalifica, pero si lo pasa a un
segundo plano.
El problema de la aplicación práctica
del IG viene cuando no consideramos los
alimentos de forma aislada, sino
formando parte de un menú, con la
interacción de múltiples factores
(cocción, mezclas, etc.). Esta
dificultad de aplicación indudablemente
ha contribuido a su débil consideración
en la terapia con insulina.
Pero la consideración del IG quizás
pudiese tener un cierto sentido manejado
en el contexto de la “terapia con bomba
de insulina” donde teóricamente es
posible plantear adaptaciones del tipo
de bolo de manera acorde al índice
glucémico de los alimentos. En esta
línea abogan autores como Bolderman,
Walsh y Wolpert pero sin aportar
soluciones concretas. Se trataría de
manejar los bolos de acuerdo al IG; con
alimentos de IG alto utilizaremos bolos
normales antes de la comida, mientras
que con alimentos con IG bajo usaremos
un bolo mixto como lo haríamos con las
comidas ricas en grasa, aunque el efecto
de las grasas es sensiblemente más
apreciable.
Para considerar el IG
autores norteamericanos como Anderson y
colaboradores, en un trabajo reciente
proponen incorporar la información sobre
el IG a las tablas de intercambio y a
otros elementos usados para enseñar a
los usuarios; pero incluso no
entusiastas del IG como Franz reconocen
que “Información sobre la respuesta
glucémica de los alimentos puede quizás
ser mejor utilizada para un ajuste fino
del control glucémico.”. Un reciente
documento de la ADA encabezado por Nancy
Sheard y consensuado con muchos de los
autores que hemos mencionado con
anterioridad reconocen que la
consideración del índice glucémico
aporta un beneficio añadido al recuento
de carbohidratos.
De otra parte, un trabajo de Schenk y
colaboradores nos debe hacer
recapitular. Soportan su estudio
pensando que el IG de un alimento
refleja de manera directa la velocidad
de digestión con entrada de glucosa
directa a la circulación sistémica,
aunque la concentración de glucemia
representa tanto el aporte de glucosa a
la sangre como su utilización. Esta
forma de valorar la curva de glucemia
para interpretar el IG aparentemente no
esta estudiada. Estos investigadores
estudiaron en dos ocasiones con 6
voluntarios sanos, la cinética de la
glucosa plasmática tras ingesta de dos
preparados de cereales de desayuno (maíz
y salvado) conteniendo 50 g de hidratos
de carbono, que tienen IG alto y bajo
respectivamente. Los resultados
obtenidos les llevan a concluir que el
IG casi doble del preparado de maíz
frente al de salvado no se debe a un
menor aporte de glucosa tras la
digestión de este último, sino a una
hiperinsulinemia más temprana y a una
más pronta desaparición de la glucosa,
lo que atenúa la elevación de la glucosa
plasmática del producto conteniendo
salvado. Este trabajo abre una línea de
investigación interesante y que puede
dar por tierra con el concepto actual de
IG, aunque no resulte de aplicación en
el caso de diabéticos
insulinodependientes.
Las conclusiones son difíciles y desde
luego el uso práctico del IG todavía
más, por lo que tal vez deberemos
recordar que existe, pero quizás no
intentar incorporarlo de manera
sistemática a nuestro método de cálculo
para el bolo de insulina.
Momento del bolo normal.
No debemos olvidar que dentro de la
complejidad del proceso de digestión de
los hidratos pueden darse muchas
situaciones, pero siempre en personas
diabéticas tendremos que asegurar que
existe insulina para ser capaz de
metabolizar la glucosa que vaya entrando
en circulación, por eso tan poco debemos
retardar en exceso el momento de los
bolos para evitar que la glucemia se
eleve tras la ingesta y no dispongamos
de insulina en cantidad apreciable.
La mayoría de autores y la experiencia
práctica de numerosos expertos de
nuestro entorno, suministran el bolo
normal antes de comenzar la comida si se
utilizan análogos de insulina, y con
unos 30 minutos de antelación cuando se
utiliza insulina regular. No obstante,
otros expertos como Javier Ampudia
proponen el bolo después de comer
permitiendo así un cálculo más acorde a
la cantidad de carbohidratos ingerida.
Anteriormente hablando de las grasas ya
apuntamos algunos estudios que valoran
el bolo o inyección de la insulina tras
la comida. Jovanovic y col. aún
considerando validas ambas opciones de
suministro de con insulina aspártica,
encuentran que el suministro preprandial
proporciona un mejor perfil glucémico.
Con respecto al momento debemos notar
que variar el momento de la inyección de
la insulina para corregir situaciones de
glucemia preprandial se ha venido
propugnando desde que comenzó a
generalizarse la monitorización de la
glucemia capilar a comienzo de los años
80; ya por entonces Jay Skyler propuso
algoritmos correctores de las
desviaciones de glucemia jugando no
solamente con las dosis de insulina sino
también con el momento de la inyección.
En la terapia convencional o en la
terapia intensiva con insulina
considerar el momento de la inyección da
unos buenos resultados, pero es una
práctica relativamente poco extendida,
además con el empleo de análogos de
insulina las personas diabéticas suelen
medir su glucemia e inyectarse el bolo
de insulina que corresponda casi de
manera inmediata al comienzo de la
comida. En terapia con bomba de insulina
ya hemos comentado en tema aparte como
se pueden utilizar
bolos correctores
combinándolos con los bolos de las
comidas, pero esa es otra cuestión. De
cualquier manera si se calcula el bolo preprandial a la baja, con la bomba de
insulina es siempre muy simple el
suministro de un bolo
adicional si se estima necesario.
Walsh apunta una idea para elegir el
momento del bolo en función del índice
glucémico de la comida, pero también
hemos comentado la dificultad para
considerar esta faceta.
Por todo, el
momento de la aplicación del bolo normal
debe venir marcado por nuestra propia
experiencia y por la derivada de los
resultados que los controles
posprandiales de glucemia del usuario
nos aporte.
Nuevamente un ejemplo puede servirnos de
alguna ayuda:
El usuario ejemplo que hemos utilizado
desde el tema “Cálculo del bolo”, toma
dos tipos de desayuno:
|
DESAYUNO A |
|
Alimento |
HdC |
Fibras |
Grasas |
|
Leche descremada (200 ml) |
10 |
0 |
0 |
|
Chococrispies (30 g ) |
26 |
0 |
0 |
Barrita de pan (40 g) untada con tomate |
22 |
1 |
0 |
|
Jamón de york (50g) |
0 |
0 |
3,5 |
|
Totales |
58 |
1 |
3,5 |
|
DESAYUNO B |
|
Alimento |
HdC |
Fibras |
Grasas |
Leche descremada (200 ml)
con café |
10 |
0 |
0 |
|
10 galletas María
(50 g) |
34 |
0 |
0 |
|
Manzana mediana
(150g) |
15 |
0 |
0 |
|
Totales |
59 |
0 |
0 |
Como su C/I = 17,
y el contenido en hidratos es similar,
utiliza un bolo igual (Insulina para
bolo: 58/17= 3,4 Unidades). Sin embargo
observa que con el desayuno “B” suele
llegar con glucemia algo más elevada
antes de la comida del mediodía. Al
notar que el desayuno “B” contiene
alimentos con un índice glucémico más
bajo sugerimos retrasar el momento del
bolo al término del desayuno de este
tipo y mantenerlo antes para el caso
“A”. Puesto en práctica las glucemias
posprandiales se igualan en ambos casos.
Manejo
del bolo mixto
Anteriormente
hablando de las grasas hemos comentado
que, aunque no numerosos los estudios
que hasta la fecha nos son conocidos,
proponen como más efectivo el uso de un
bolo mixto (conocido también como bolo
dual o multionda), combinado un bolo
normal y un bolo expandido. A priori nos
parece una opción muy valida, sobre todo
para las comidas tradicionales de
nuestro medio en consonancia con nuestra
tradición de “dieta mediterránea”.
Pretender complicar la
existencia a los usuarios con formulas
complejas puede no ser una opción útil,
pero conociendo sus hábitos dietéticos
seguramente resultará útil proponerle
nuestras sugerencias para sus menús más
comunes.
Proponemos a modo orientativo utilizar
un criterio valorando la proporción
entre hidratos de carbono y grasas, como
bien pudiera ser el siguiente (para uso
con análogos de insulina) y adaptando
una opción con un cierto grado de
conservadurismo:
|
1/3 HdC(g) >o=
Grasa(g) |
Bolo normal
(inmediato) |
|
½ HdC (g) >
Grasa(g) > 1/3 HdC(g) |
30% bolo normal y
30 % bolo expandido durante 2 horas |
|
½ HdC (g) <o=
Grasa(g) |
50% bolo normal y
50 % bolo expandido durante 4 horas |
Veamos algunos
ejemplos de aplicación de la propuesta:
|
MENÚ
A |
|
Alimento |
HdC |
Fibras |
Grasas |
|
Arroz con
champiñones |
53 |
1 |
6 |
|
Arroz (60 g)
[Vaporizado] |
46 |
1 |
1 |
|
Champiñones (220g)
[De lata] |
7 |
0 |
0 |
|
Aceite [p/
aderezo] (5 ml) |
0 |
0 |
5 |
|
Cola de merluza al
horno |
22 |
2 |
7 |
|
Merluza (180 g) |
0 |
0 |
2 |
|
Tomate (100 g) |
1 |
0 |
0 |
|
Cebolla (25 g) |
2 |
0 |
0 |
|
Patata (100 g) |
19 |
2 |
2 |
|
Aceite [p/
aderezo] (5 ml) |
0 |
0 |
5 |
|
Pan (40 g)
[blanco] |
22 |
1 |
3 |
|
Sandía (200 g) |
103 |
4 |
16 |
|
Totales |
103 |
4 |
16 |
|
MENÚ B |
|
Alimento |
HdC |
Fibras |
Grasas |
|
Paella |
60 |
6 |
13 |
|
Arroz (60 g)
[grano corto] |
46 |
1 |
1 |
|
Alcachofas (50 g) |
2 |
0 |
0 |
|
Habas (30g)
[congeladas] |
3 |
1 |
0 |
|
Guisantes (30g)
[congelados] |
4 |
2 |
0 |
|
Judías verdes
(80g) |
5 |
2 |
0 |
|
Pollo (50g) |
0 |
0 |
1 |
|
Sepia (40 g) |
0 |
0 |
1 |
|
Gambas (30g) |
0 |
0 |
0 |
|
Aceite [p/
aderezo] (10 ml) |
0 |
0 |
10 |
|
Ensalada |
18 |
0 |
5 |
|
Lechuga (200 g) |
12 |
0 |
0 |
|
Tomate (100) |
4 |
0 |
0 |
|
Cebolla (25 g) |
2 |
0 |
0 |
|
Pepino (20 g) |
0 |
0 |
0 |
|
Aceite [p/
aderezo] (5 ml) |
0 |
0 |
5 |
|
Pan (40 g)
[blanco] |
22 |
1 |
3 |
|
Sandía (200 g) |
6 |
0 |
0 |
|
Totales |
106 |
7 |
21 |
|
MENÚ C |
|
Alimento |
HdC |
Fibras |
Grasas |
|
Fabada asturiana |
48 |
6 |
31 |
|
Alubias (80 g) [“fabes”
asturianas] |
48 |
6 |
1 |
|
Chorizo (10 g) |
0 |
0 |
4 |
|
Morcilla (10g) |
0 |
0 |
4 |
|
Punta de jamón
(35g) (15 g magro) |
0 |
0 |
5 |
|
Tocino de panceta
(15 g) |
0 |
0 |
12 |
|
Aceite [p/
aderezo] (5 ml) |
0 |
0 |
5 |
|
Ensalada |
18 |
0 |
5 |
|
Lechuga (200 g) |
12 |
0 |
0 |
|
Tomate (100) |
4 |
0 |
0 |
|
Cebolla (25 g) |
2 |
0 |
0 |
|
Aceite [p/
aderezo] (5 ml) |
0 |
0 |
5 |
|
Pan (40 g)
[blanco] |
22 |
1 |
3 |
|
Manzana (150 g) |
15 |
0 |
0 |
|
Totales |
103 |
7 |
39 |
En los tres menús
el contenido en hidratos de carbono es
similar (103, 106 y 103 g), sin embargo
el contenido de la grasa que acompaña es
diferente. Por tanto vamos a aplicar
también un uso de la insulina diferente.
Si nuestro ya conocido sujeto de
ejemplo toma el menú A, los cálculos
serían:
1/3 HdC (103 g) = 34 g HdC > o = Grasa
(16 g)
No consideramos la grasa. Los g de fibra
< 5 g, luego no consideramos la fibra y
al ser comida descontamos 10 g según
nuestra práctica común ya expuesta en
“cálculo del bolo”
Bolo: (103-10)/17= 93/17= 5,47 = 5,5 U
que suministraremos como normal
Pero si tomase el menú B, el cálculo
variaría, pero no el tipo de bolo:
1/3 HdC (106 g) = 35 g HdC > o = Grasa
(21 g)
No considerará la grasa, pero sí los 7g
de fibra descontándolos del cálculo y
también al ser comida descontaremos 10 g
Bolo: (106-7-10)/17= 89/17 = 5,24 = 5,2
U que suministraremos también como
normal.
Por último en el caso de la “comida
asturiana” menú C los resultados serían:
1/3 HdC (103 g) = 34 g HdC < Grasa (39
g) < ½ HdC (103 g)= 52 g de HdC.
Por tanto lo tendremos en cuenta y
aplicaremos un bolo mixto con el
criterio ya indicado (70% normal y 30%
expandido en dos horas). De nuevo
consideraremos los 7g de fibra y también
que se trata de la comida.
Bolo
Total:
(103-7-10)/17= 86/17 = 5,06 = 5,1 U
Bolo
Normal:
5,06 x 0,7= 3,54 =
3,6 U
Bolo
expandido:
5,06 – 3,54=1,48 U = 1,5 U a suministrar
en 2 horas
Por tanto
mostramos que para prácticamente la
misma cantidad de hidratos de carbono de
los menús de ejemplo, el perfil de
suministro de la insulina que proponemos
es diferente. De tratarse de comidas aún
más grasas hubiésemos fraccionado el
bolo (50/50) y el tiempo de expansión (4
horas) según lo propuesto. Por ejemplo,
ese hubiera sido el caso del menú de la
hamburguesería que comentamos con
anterioridad al referir el efecto de las
grasas, ya que en el mismo:
|
134x½ = 67 (g HdC) < 83 (g Grasas) |
luego en este caso
el bolo correcto hubiera sido:
Bolo Total: = 134/17= 7,88 U » 7,9 U
Bolo Normal: 7,88 x 0,5= 3,94 = 3,9 U
Bolo expandido: 7,88 – 3,94=3,94 U= 3,9
U a suministrar en 4 horas
En caso necesario los bolos correctores,
por desviación de la glucemia
preprandial, se suministran siempre con
el bolo normal, como se indicó con
anterioridad.
Comidas
largas o a base de “picoteo”
Muy probablemente muchos coincidiremos
que suele ser la cuestión que los
usuarios más frecuentemente nos
plantean cuando se les instruye sobre
las diferentes opciones de bolo con una
bomba de insulina.
Las situaciones
suelen ser tan heterogéneas que
generalizar la respuesta puede llevarnos
a interpretaciones erróneas.
En primer
lugar deberíamos preguntar cuál es el
contenido de carbohidratos y como se
distribuirán a lo largo de la comida,
pero la respuesta es muy variada a tenor
de la composición de los menús de
celebración. Por citar un ejemplo, no va
a ser lo mismo una comida que esta
antecedida por un aperitivo con canapés,
que otra cuyo plato de entrada es el
marisco.
Suponiendo que en la mayoría de los
casos ni siquiera el propio usuario
sabrá con antelación qué va a comer, la
solución no es sencilla. Idealmente lo
más efectivo podría ser ir suministrando
pequeños bolos acordes con los platos
que se van a tomar, pero en la práctica
resulta inaplicable por requerir
demasiada atención al propio usuario en
un evento que deseamos relajante y
placentero.
Por ello de manera
generalizada aconsejaríamos utilizar de
nuevo un bolo mixto, pero alterando su
distribución. Cuantificar la cantidad
total puede no ser simple, el usuario
si le es posible pude intentar conocer
el menú completo y realizar el cálculo o
bien guiarse por experiencias anteriores
en situaciones similares. Una vez
decidida la cantidad para contar con
algo de insulina en el comienzo de la
comida distribuiría en torno al 25% como
bolo normal y el 75% restante como bolo
mixto durante el tiempo previsto de
duración de la comida.
Terminada la comida si es posible se
realizará un control de glucemia y si
fuese preciso haría la corrección
correspondiente, pero eso sí no
olvidando que si luego “hay baile” puede
ser preciso disminuir de manera temporal
la infusión basal.
Como colofón para todos los casos
insistimos en que lo importante es que
cada usuario adopte las decisiones que
mejores resultados le puedan
proporcionar y para ayudar a ello es
útil disponer de datos. Recordamos que
el uso de alguna
hoja de control puede
ser de bastante utilidad para ayudar al
usuario en la toma de decisiones con
respeto al momento y forma del bolo para
las diferentes comidas.
[1]
El destacado en
negrita es nuestro, no figurando así en
el texto original.

··
RELACIÓN DE DOCUMENTOS
DISPONIBLES
·· Cuidados de la piel en
la zona de infusión
·· Verificando la
infusión basal
·· Planteamiento dietético
··
Recuento de
Hidratos de Carbono
·· Cálculo general para el
bolo de insulina
·· Tipo de bolo
·· Bolo corrector
·· Comprobación de los
índices
·· Bibliografía
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